La comunicación de los procesos políticos en la era digital

Por Lucia Bonetto

En las últimas décadas la comunidad global experimentó una serie de transformaciones sociales, políticas, económicas, culturales y tecnológicas que modificaron las formas y los tiempos de las comunicaciones. La Revolución de las Tecnologías de la Información voló por los aires las nociones más clásicas de la comunicación, tales como las ideas de emisor y receptor, o de un circuito de comunicación unidireccional…

La explosión de internet ha favorecido la existencia de una comunidad global permanentemente conectada e informada. Una sociedad hiperconectada, cuyos actores tienen a su alcance una creciente multiplicidad de canales para interactuar con públicos cada vez más diversos. Con el amanecer de la era digital, pasamos de la comunicación para la mayoría a la comunicación para las minorías. Minorías que a la vez reciben grandes cantidades de contenidos muy variados, limitando su atención a cuestiones que le resultan de interés y desechando una gran cantidad de información que se pierde en el vacío.

¿Cómo pensar entonces estrategias político-comunicacionales en la era digital? Las nuevas tecnologías han llegado para quedarse y revolucionar las formas de relacionamiento. Y la política, electoral y gubernamental no puede quedar fuera de esta ola de cambio.

En primer lugar, es importante comprender que si bien hay más plataformas para que el ciudadano conecte con el líder político, la existencia de las redes sociales o de periódicos digitales no sustituyen a los medios clásicos de comunicación. Por el contrario, vienen a complementarlos. Así medios clásicos como la televisión o la radio analógica convergen con plataformas digitales. Cada uno de estos canales tiene su especificidad, y es necesario conocerla y estudiarla a la luz de la estrategia política, antes de lanzarse a “tener presencia” en cualquier de ellos de ellos de manera injustificada.

En segundo lugar, es necesario situarse dentro de una cultura participativa en la que la ciudadanía, ahora prosumidor activo e hiperconectado, juega un rol fundamental. Existir en las redes sociales es sencillo. Lo complejo es conseguir que este canal sea validado por la comunidad como una vía de comunicación verídica con sus líderes o gobiernos: directa, de ida y vuelta, genuina, a tiempo, etc. Pensar una estrategia político-comunicacional implica entonces elaborar un plan donde los ciudadanos puedan y quieran participar, generando una participación que represente un valor agregado para el líder. Eso es hacer política en base a una cultura participativa.

Por último, es imprescindible abordar la comunidad objetivo a través de su multiplicidad. A la luz de la estrategia política, hay que definir públicos, caracterizarlos, comprender sus intereses y comportamientos. Consecuentemente, segmentar los mensajes y contenidos en virtud de esta caracterización. Sólo así es posible que la audiencia, hiperconectada y bombardeada de información, preste atención a nuestra propuesta de vinculación.

Convergencia multimediática, cultura participativa, sobreinformación y multiplicidad de intereses son algunos elementos que complejizan el escenario y que deben ser tenidos en cuenta para la comunicación política gubernamental y electoral.




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