octubre 30, 2018

Las 7 llaves de la innovación política

Las 7 llaves de la innovación política


La confianza pública es el tesoro de nuestras democracias. Sin esa confianza, la democracia es un continente sin contenido o, dicho en otros términos, una forma sin fondo. Ese tesoro se guarda bajo siete llaves. En política, innovar es encontrar las llaves que abren el tesoro de la confianza ciudadana. De eso depende que las democracias formales sean, también, democracias reales. ¿Cuáles son esas llaves? Este libro trata de enumerarlas y describirlas. Desde nuestro punto de vista, las siete llaves que abren ese tesoro de cualquier democracia son:

La llave del Estado responsable:
Para recuperar la confianza perdida, hay que rescatar el rol del Estado como responsable principal del diseño y la gestión de las políticas públicas. La responsabilidad del Estado no implica un alegato a favor ni en contra de la estatización o la privatización de las obras o los servicios públicos. Un Estado responsable es un Estado subsidiario, es decir, que interviene cuando los actores sociales, privados y ciudadanos, no pueden satisfacer sus necesidades y, en cambio, se abstiene cuando dichos actores pueden hacerlo. Siempre para fortalecer a la sociedad, nunca para debilitarla. La subsidiariedad de la que hablamos, es la diferencia entre el abstencionismo neoliberal del Estado ausente y el intervencionismo populista del Estado omnipresente.

La llave de la sociedad partícipe:
Para recuperar la confianza perdida, hay que rescatar el rol de la sociedad como partícipe necesaria en el diseño y la gestión de las políticas públicas. La participación de la sociedad no implica la eliminación de la democracia representativa ni mucho menos su sustitución por democracia participativa. La participación social debe mejorar la representatividad política, no boicotearla. Una sociedad partícipe debe ser una sociedad organizada, es decir, con disensos que deben respetarse y, también, con consensos que deben buscarse y encontrarse. La participación de la que hablamos, es la diferencia entre el individualismo neoliberal que elimina a la comunidad y el colectivismo populista que suprime a la persona.

La llave de los valores éticos:
Para recuperar la confianza perdida, hay que reivindicar el valor de los valores como base y punto de partida de las decisiones y acciones políticas y sectoriales. Los valores son una fortaleza, no una debilidad, tanto para los gobernantes y administradores como para los actores sociales, privados y ciudadanos. Dichos valores son la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad. La práctica de dichos valores implica diálogo político e intersectorial, responsabilidad empresarial y civil, reparación social y compromiso personal. Los valores de los que hablamos, son la diferencia entre el pragmatismo neoliberal que desprecia los valores y el dogmatismo populista que impone los suyos.

La llave del desarrollo sostenible:
Para recuperar la confianza perdida, hay que enfocarse en el desarrollo sostenible. El desarrollo es más que el crecimiento y el este es más que el aumento del Producto Bruto Interno. Hacen falta viviendas, obras de infraestructura y servicios de calidad. Hace falta una producción que genere más empleo y menos pobreza. Hace falta acceso a la educación y la salud, cuidado del ambiente. Hace falta una redistribución de los ingresos y de la riqueza, seguridad ciudadana y justicia independiente. El desarrollo del que hablamos, es la diferencia entre el derrame neoliberal que nunca llega y el asistencialismo populista que humilla a las personas.

La llave de los problemas prioritarios:
Para recuperar la confianza, hay que solucionar los problemas prioritarios. Hace falta atacar la ineficiencia económica, eliminando el déficit fiscal, invirtiendo más y endeudándose menos. Hace falta combatir la corrupción política, mejorando los controles, erradicando la impunidad judicial y la indiferencia social. Hace falta combatir la debilidad institucional, con coordinación intergubernamental y concertación intersectorial, mejorando los recursos humanos. Hace falta atacar la anomia social, previniendo y sancionando el incumplimiento de la ley, fomentando el civismo. Los problemas de los que hablamos, son la diferencia entre el eficientismo neoliberal que confía sólo en la eficiencia privada y el mesianismo populista que confía en el líder carismático solamente.

La llave del mandato controlado:
Para recuperar la confianza perdida, hay que refundar el mandato representativo, a partir de los deberes de los representantes y los poderes de los representados. Hace falta garantizar elecciones competitivas, asegurando el sufragio universal, sin fraudes ni proscripciones. Hace falta mejorar la organización y el funcionamiento de los partidos políticos y de los sistemas electorales. Hace falta limpiar el financiamiento de las campañas electorales. Hace falta garantizar mecanismos de rendición de cuentas que sean idóneos, para que los gobernados puedan controlar a los gobernantes en tiempo y forma. La gobernabilidad de la que hablamos, es la diferencia entre el formalismo neoliberal que limita la democracia a las formas de las instituciones y el personalismo populista que la restringe al carisma del líder.

La llave de la democracia receptiva:
Para recuperar la confianza perdida, hay que conseguir una democracia real, a partir de la sensibilidad y la efectividad de los gobernantes y las convicciones de los gobernados. A esos fines, la gobernabilidad es necesaria pero insuficiente. Hace falta gobernanza. A partir de las elecciones competitivas y la rendición de cuentas, hace falta sensibilidad y efectividad. Juntas, no separadas. La sensibilidad sin efectividad es sensiblería. La efectividad sin sensibilidad es insostenible. De esa manera y solamente de esa manera, se puede ganar el apoyo de los ciudadanos a los gobiernos de tuno y, mediatamente, a la democracia como régimen y como sistema. La gobernanza de la que hablamos, es la diferencia entre la meritocracia neoliberal que valora a las personas por lo que hacen y la autocracia populista que las valora por su subordinación.

En política, innovar es rescatar el rol del Estado como responsable principal del diseño y la gestión de las políticas públicas, por una parte, y el rol de la sociedad como partícipe necesaria en el diseño y la gestión de las políticas públicas, por la otra. Innovar es reivindicar el valor de los valores como base y punto de partida de las decisiones y acciones políticas y sectoriales. Innovar es enfocarse en el desarrollo sostenible, solucionar los problemas de la ineficiencia económica, la corrupción política, la debilidad institucional y la anomia social. Innovar es reconstruir la relación entre los representantes y los representados, como mandatarios y mandantes, conseguir una democracia receptiva, con ciudadanos confiados y confiables.